Decía el poeta Bécquer: “los suspiros son de aire y van al aire, las lágrimas son de agua y van al mar, dime, mujer, ¿Cuándo el amor se olvida? ¿Sabes tú a dónde va?”
¿Dónde podemos buscar el más olvidado de todos los amores? Ese amor propio que parece haber desaparecido, imposible de alcanzar porque las arpías interiores envenenan cada día el manantial puro de tu alma, dejándote sin fuerzas para buscar la luz.
Todos, en algún momento, atravesamos la noche oscura del alma. Es un lugar que visitamos para descubrir nuestra propia luminiscencia. Sin embargo, si bajas acompañada de voces crueles y tóxicas, podrías perderte en la oscuridad, creyendo en la versión distorsionada de ti que ellas han construido. Y así, jamás levantar el velo que cubre la brillantez de tu luz interior.
Permite que tu corazón se abra a la posibilidad de construir un “yo” amoroso y digno de amor. Esto no significa negar tus experiencias difíciles, tus recuerdos dolorosos o los aspectos oscuros de tu personalidad. Significa abrir, aunque sea un pequeño espacio, para que la luz y la alegría también entren. Pregúntate:
Si he llegado hasta aquí con las voces que erosionan mi valor, ¿Qué sucedería si permitiera que entrara una voz que me anime, me acompañe y crea en mí? ¿Qué pasaría si me comprometiera a nutrir una voz interior amorosa y compasiva?
Ser tu propia amiga requiere un compromiso consciente: aprender a perdonarte, salir del juicio constante, y dejar atrás la creencia en tu poca valía. Toda gran tarea comienza con un primer paso. ¿Qué tal si empiezas identificando las voces que te critican y las reemplazas con afirmaciones positivas? Trabaja durante 21 días, observando esas voces. En lugar de juzgarte, simplemente sonríe, lleva tu mano al corazón y repite una afirmación amorosa sobre ti.
Aquí tienes algunas afirmaciones para que elijas, o puedes crear las tuyas propias:
¿Dónde podemos buscar el más olvidado de todos los amores? Ese amor propio que parece haberse extraviado, reemplazado por voces de arpías interiores. Todos, absolutamente todos, atravesamos la noche oscura del alma. Es un lugar al que debemos descender con un propósito: descubrir nuestra propia luz. Sin embargo, si bajas acompañada de voces tóxicas, podrías perderte en la oscuridad, creyendo en la versión que ellas han creado sobre ti.
Abre tu corazón a la posibilidad de construir un “yo” amoroso y digno. No se trata de rehuir de los aspectos difíciles, sino de abrir un pequeño espacio para la luz y la alegría. Pregúntate:
Si he llegado hasta aquí con las voces que merman mi valor, ¿Qué pasaría si permitiera que entrara una voz que me anime y me acompañe? ¿Qué sucedería si me dedicara a nutrir una voz amorosa y compasiva?
¿Dónde podemos buscar el más olvidado de todos los amores? Ese amor propio que parece haber sido reemplazado por las voces de arpías interiores. Es momento de abrir el corazón y hacerte estas preguntas:
Si he llegado hasta aquí con esas voces que erosionan mi valor, ¿qué sucedería si permitiera que una voz amorosa y compasiva entrara para animarme, acompañarme y creer en mí? ¿Qué pasaría si me comprometiera a nutrir esa voz interior?