Tara Brach, psicóloga budista que encuentro fuente de paz y sabiduría, enseña que:

“La manera en que nos atendemos a nosotras mismas define profundamente la calidad de nuestro bienestar. Así como el sol permite que la vida florezca, la luz y calidez con que nos miramos a nosotras mismas hacen que nuestra belleza, bondad, plenitud y compasión florezcan también.”

En una entrada anterior, titulada El trabajo de una pescadora mística, hablaba de la importancia de tener el coraje de construir una vida que atienda el llamado de nuestro corazón, que siga nuestras reglas y sueños.  Para lograrlo, es necesario aprender a conectarnos con nuestro interior, descubrir quiénes somos realmente y habitar plenamente ese espacio sagrado que nos pertenece. 

Esta conexión no es algo que alcancemos una sola vez; es una práctica diaria. Implica crear momentos de presencia, de comunicación contigo misma. Es un instante en el tiempo, no un espacio ubicado en un lugar, donde tu alma tiene la oportunidad de expresarse y mostrarte lo que verdaderamente necesita.

Cada día, puedes crear este refugio interior y realizar actividades sencillas pero poderosas como:

  • Reflexionar sobre textos 
  • Meditar
  • Escribir 
  • Repetir afirmaciones y oraciones
  • Consultar oráculos 

Estas prácticas darán alimento a tu alma, te brindarán inspiración y guía y podrás ser testigo de cómo se  arma un puente que te conecta con esa “mujer de luz que habita en tu corazón”, y  te muestra un espejo que te refleja lo que ya eres: hermosa, brillante, sabia y digna de amor.

Para abrir este portal mágico en el tiempo te sugiero realizar una invocación que establezca la intención y alinee tu mente, corazón y espíritu: siéntate con calma, estableciendo una presencia digna y consciente. Deja que tu cuerpo se relaje y que tu mente, poco a poco, encuentre quietud. Luego, pronuncia estas palabras en voz alta:

Hoy, aquí y ahora, abro mi corazón. Respiro en la quietud, acepto lo que es. Evoco los momentos en que me he sentido feliz, amada y guiada. Invoco la luz, el amor y el poder que habita en mí... Invoco a la mujer de luz.

Cuando termines este momento, agradécete. Coloca tus manos sobre el corazón. Siente el peso de tu cuerpo, el latido de tu corazón, el sonido de tu respiración. Observa cómo tu pecho se mueve al inhalar y al exhalar. Y si puedes sonreír, hazlo: habrás llamado a la parte más luminosa de ti misma para que entre en contacto amoroso con todas tus facetas. Reconoce el valor de haberte dado este tiempo, aunque tanto dentro como fuera de ti haya fuerzas que intenten distraerte de este momento de atención consciente de ti misma.

Creando un refugio de conexión interior

“La manera en que nos atendemos a nosotras mismas define profundamente la calidad de nuestro bienestar”

Es necesario aprender a conectarnos con nuestro interior, descubrir quiénes somos realmente y habitar plenamente ese espacio sagrado que nos pertenece. Esta conexión no es algo que alcancemos una sola vez; es una práctica diaria. Cada día, puedes crear este refugio interior y realizar actividades sencillas pero poderosas como:

  • Reflexionar sobre textos 
  • Meditar
  • Escribir 
  • Repetir afirmaciones y oraciones
  • Consultar oráculos 

Para abrir este portal mágico pronuncia estas palabras en voz alta:

Hoy, aquí y ahora, abro mi corazón. Respiro en la quietud, acepto lo que es. Evoco los momentos en que me he sentido feliz, amada y guiada.Invoco la luz, el amor y el poder que habita en mí... Invoco a la mujer de luz.

Creando un refugio de conexión interior

Es necesario aprender a conectarnos con nuestro interior, descubrir quiénes somos realmente y habitar plenamente ese espacio sagrado que nos pertenece. Esta conexión es un instante en el tiempo, no un espacio ubicado en un lugar, donde se arma un puente que te conecta con la mujer de luz que habita en tu corazón. Invócala, repitiendo lo siguiente: 

Invoco la luz, el amor y el poder que habita en mí... Invoco a la mujer de luz.

Compartir esta publicación
Scroll al inicio